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Los reyes cristianos de la península acogieron a todos los judíos que huían de las persecuciones de los almohades, les dieron facilidades para instalarse en sus territorios y utilizaron sus servicios y habilidades:

la propia reconquista requería de gente para repoblar los territorios conquistados. Además, el ocupar nuevos territorios requería de habilidades económicas, administrativas y diplomáticas que los judíos ya habían desarrollado en territorio andalusí.
El judío Joseph ibn Salomón ibn Soshan, adelantó a Alfonso VIII el dinero necesario para la campaña de las Navas de Tolosa de 1212. De las mezquitas que había en Sevilla tras su reconquista, tres, las que se encontraban en el barrio asignado a los judíos,
fueron convertidas en sinagogas. Fue una decisión tomada por Alfonso X, completamente contraria al derecho canónico, y muestra el interés que tenía el rey por compensar a los judíos por su colaboración y auspiciar futuras colaboraciones.
Incluso se plantea la posibilidad de la participación directa de judíos como soldados en labores militares. Baer cita el caso del repartimiento de tierras y casas que se hizo en Jerez de la Frontera tras su reconquista.
En los documentos aparece algunos judíos citados como "Ballesteros", lo cual los sitúa como combatientes, mientras que los demás judíos aparecen citados como oficiales del rey, es decir, colaboradores de la corona.
En el Reino de Aragón se dan situaciones parecidas. Las conquistas de Mallorca y Valencia se financiaron con dinero prestado por los judíos, por lo que los monarcas entregaron a judíos la recaudación de muchos impuestos y rentas.
Este fue el origen de la fortuna que llegó a tener la familia De la Caballería (formó parte de la clientela de los caballeros del Temple, siendo esté el origen de su nombre) de Zaragoza.
En 1257, Yehudá ben Leví de la Caballería aparece como baile (agente de la administración real en un territorio determinado) de Zaragoza, tres años después, el rey le encarga recaudar las rentas del reino de Aragón; y fue baile de Valencia, donde poseía tierras y ganados.
Los hermanos Ravaya estaban autorizados a firmar en nombre del rey Pedro III, disposiciones relativas al suministro de armas y aprovisionamiento de navíos, y órdenes cursadas a los vasallos. Samuel ibn Manasseh, se había educado en la cultura árabe y sirvió a Pedro III
como intérprete en las negociaciones con los reyes moros de la península y del norte de África. Además tenía el privilegio de no pagar tributos ni llevar señales distintivas; y vestía y se comportaba en todo como cristiano,
montando a caballo y llevando armas, como cualquier noble aragonés. Aunque según las normas canónicas, muchas veces recordadas por la Iglesia, no se podían otorgar a judíos cargos públicos que implicasen autoridad, los reyes lo hacían;
y aunque de vez en cuando se viesen obligados a dar marcha atrás, pronto volvían a las andadas, no por simpatía hacia los judíos, sino porque realmente necesitaban de las habilidades en las que algunos de ellos se habían especializado.
Sólo a finales del siglo XIII empezaron a surgir en Castilla y Aragón cristianos capacitados para ejercer esas tareas y funciones sociales que hasta entonces habían sido monopolizada por los judíos. Joseph Pérez. Historia de una tragedia. La expulsión de los judíos de España.
Don Pedro de Baigorry y Ruiz
Maestre de Campo Caballero de la Orden de Santiago Gobernador del Río de la Plata.
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