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Claudio Ochoa Huerta

Claudio Ochoa Huerta
@ClaudioOchoaH

Jan 23
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De inmediato, García Luna volteó a la parte trasera de la sala, como si buscara a alguien entre el público y comenzó a mandar besos, a tocarse el corazón y a sonreir, como si no estuviera preocupado. Luego, saludó efusivamente a cada uno de las y los abogados de su equipo.

En la parte izquierda de la sala estaba la parte acusadora, que ocupaba dos escritorios. Eran 4 mujeres y dos hombres, incluidos elementos de la DEA y del Departamento de Seguridad Nacional. El juez Cogan entró a la sala a las 9:55 a.m. y todo mundo se puso de pie.
El jurado ya estaba listo para entrar a la sala, pero la fiscalía hizo una solicitud de trámite que molestó al juez. Mientras él hacía un llamado de atención, García Luna aprovechó para voltear y mandar más besos y cariños al fondo de la sala. Finalmente, entró el jurado.
No eran 12 personas, sino 18. Estaban incluidos los suplentes. Un jurado muy variado en edades y razas. Gente mayor, gente joven, gente blanca, gente negra. No tienen nombre, sino número. Así los identifican por cuestiones de seguridad.
El juez Cogan les explicó el proceso y les dio las instrucciones de aquí en adelante. Insistió en que, de acuerdo a la ley, la presunción de inocencia acompaña a García Luna y el gobierno debe convencerlos, sin lugar a duda, de que es culpable.
Les recordó que no pueden hablar del juicio, ni siquiera entre ellos, hasta el momento de que venga un veredicto. También les explicó que las sesiones serán de 9:30 a 16:30 horas, de lunes a jueves y que tendrán el viernes libre para atender sus asuntos personales.
El juez dijo que no creía que el asunto llegara a durar las 8 semanas, sino menos. Aunque eso mismo dijo para el juicio de "El Chapo" y no fue así. Después de esa larga explicación, llegó el momento que todos esperaban. El alegato inicial de la fiscalía.
El fiscal Philip Pilmar tomó la palabra. Joven, en sus 40 medios, muy delgado, de pelo negro quebrado, con lentes. No me pareció un fiscal aguerrido, como los pintan en las películas. Mi percepción es que estaba algo nervioso.
El fiscal apuntó con el dedo a García Luna, mientras le decía al jurado: el acusado tenía un segundo trabajo, tomó millones de dólares en sobornos para ayudar a enviar cocaína. Lo trajimos aquí porque en este país nadie está por encima de la ley.
Agregó que su oficina mostrará evidencia de cómo el cártel llenó de droga a Estados Unidos con la ayuda de García Luna. Explicó que comparecerá una serie de testigos que vieron cómo el acusado protegió a la organización de Guzmán Loera. Con eso concluyó. Seguía la defensa.
El abogado César de Castro empezó con más firmeza su discurso: Ustedes no verán dinero, fotos ni video, no hay una sola evidencia de que Genaro García Luna ayudó al cártel. Todo lo contrario, se la pasó capturando a delincuentes. Es el rostro del combate a las drogas.
En su argumento principal mostró fotos del acusado acompañado de distintos políticos estadunidenses de su época: un fiscal general, el director de la DEA, el de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado, congresistas y hasta una con el expresidente Barack Obama.
Llegó un receso ordenado por el juez Cogan. Al reiniciar la sesión, llamó al primer testigo: Sergio Villarreal Barragán, "El grande". Apareció con su 1.98 de altura, aunque mucho más delgado que cuando lo capturaron. Vestido de traje, igual de canoso que García Luna.
"El grande" era mano derecha de Arturo Beltrán Leyva. En Estados Unidos se declaró culpable de conspiración, tráfico de cocaína y lavado de dinero y tiene años cooperando. Dijo que vio a García Luna en varias reuniones para pagarle sobornos del cártel de Sinaloa.
"El éxito del cártel fue lograr la corrupción de funcionarios para no tener obstáculos", dijo. Contó que estudió hasta el segundo año de la licenciatura en Derecho y luego se salió para entrar a trabajar como policía judicial en Torreón. De ahí saltó a la PGR.
Su primer encargo fue ser el encargado de un punto de revisión carretera en Samalayuca, Chihuahua. Contó que un día llegaron camionetas, con gente armada y con uniformes como los de él. Era Amado Carrillo, líder del cártel de Juárez. Eso selló su destino en el narco.
Dice que "El señor de los cielos" lo encañonó y le dio dos opciones: alinearse o irse. Aceptó la primera. Su trabajo consistía en bajar aviones cargados con cocaína y que luego ayudaba a que despegaran. Todo, en su tiempo libre, porque dobleteaba.
Dejó la PGR cuando un nuevo mando comenzó a investigarlo por sus vínculos con narcos, que cada vez crecían más. Su cercanía con Beltrán Leyva comenzó en el 2000. Fue a pedirle ayuda para calmar a Ociel Cárdenas Guillén, porque le quemó un negocio y le mató a un cuñado.
Según la versión, Beltrán Leyva le respondió que no hablaría con él porque eran enemigos, que mejor se le uniera y lo combatirían juntos. Eso formó la amistad y relación laboral. A partir de ahí, "El grande" comenzó a tomar poder.
Como parte de sus encargos, organizó una estrategia basada en mezclar a elementos de la AFI con sicarios del cártel de Sinaloa para catear domicilios de rivales y eliminarlos. Funcionó al grado que él tenía una credencial de la Agencia, con otro nombre.
Todo, autorizado por García Luna, que a cambio recibía mensualemente entre 1 y 1.5 millones de dólares de manos de todos los líderes del cártel de Sinaloa. Según "El grande", la comunicación entre García Luna y Arturo Beltrán Leyva era por radio.
Pero esa comunicación no era del todo fluida. "El grande" describió que los narcotraficantes se burlaban de García Luna por ser tartamudo. Es más, así lo apodaban. "El tartamudo".
Contó que un día la AFI confiscó un cargamento de droga en Morelos. Le pertenecía al cártel del Golfo y a la Familia Michoacana. Eran dos toneladas. La AFI de García Luna lo logró gracias a que el cártel de Sinaloa le pasó el pitazo. El acuerdo era dividir la ganancia.
La droga se fue a una bodega, donde convocaron a reunión. Del lado del gobierno apareció García Luna y Cárdenas Palomino, hoy preso. Del lado de la mafia, Arturo Beltrán Leyva y compañía. Como la estrategia funcionó, a García Luna le tocaron entre 14 y 16 millones de dólares.
El dinero estaba acomodado en cajas de cartón. Dice que eran tantas, que no cabían en la camioneta que llevaban los funcionarios. Esto solo es un pedacito de lo vivido hoy. Más detalles en la noche en Latinus Diario.
Claudio Ochoa Huerta

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@ClaudioOchoaH
-Reportero en @latinus_us. -Lunes a viernes #LatinusDiario 8:30 pm. -Escribo en @El_Universal_Mx. claudio8ah@gmail.com
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